Continuamos en la opinión de Juan Pablo Spinetto analista de Bloomberg: La estrategia de Trump en Panamá podría ser un modelo para contrarrestar la influencia china en América Latina. Es probable que más empresas estadounidenses compitan en licitaciones y acuerdos comerciales en Panamá y en la región; Pero si Washington cree que esa mano dura funcionará igual en países como Brasil, se equivoca. Pese al nacionalismo que ha avivado la retórica de Trump, los panameños siguen siendo firmemente proestadounidenses. Los lazos culturales, financieros e históricos con Estados Unidos son demasiado fuertes para romperse. Y en cuanto a China, pocos panameños con los que hablé parecían dispuestos a defenderla, especialmente después de que la Casa Blanca revocara visados a políticos que cuestionaron su relación con el gobierno de Mulino, algo que sorprendió a la élite local. Como me dijo el exministro de Economía Frank de Lima, refiriéndose a la moneda oficial: “Al final del día, todos los panameños tienen un dólar en la cartera”. Mulino ha dejado claro que Panamá no quiere tomar partido, una postura que, pese a las presiones de Washington, es la más sensata. Finalmente, China sigue siendo el segundo usuario más importante del canal, y Panamá tiene una comunidad china que data del siglo XIX. La mejor estrategia es posicionarse como la versión hemisférica de Singapur, manteniendo vínculos sólidos con ambas potencias y defendiendo su autonomía estratégica, clave para la neutralidad del canal. Lograr ese equilibrio no será fácil para Mulino, de 66 años y cabello plateado, que enfrentó un difícil primer año en el poder, atrapado entre la presión de Washington y un público impaciente, tras ganar las elecciones de mayo de 2024 con solo 34% de los votos. Mulino cuenta con apoyo empresarial y presume logros como la histórica reforma de la seguridad social en marzo y el cierre de la peligrosa ruta migratoria del Tapón del Darién, que cobró más de 170 vidas el año pasado. Sin embargo, su estilo combativo, su falta de carisma y su mano dura han alimentado tensiones sociales y acusaciones de autoritarismo. Los panameños protestaron por la inflación y el alto costo de vida en 2022, paralizaron el país en 2023 por una mina de cobre de US$10.000 millones y protagonizaron una violenta huelga bananera este año. El país aún sufre las secuelas de la pandemia, cuando un estricto confinamiento redujo casi 20% la economía, destruyó empleos, cerró negocios y duplicó la deuda pública. Esta frágil paciencia social será puesta a prueba cuando Mulino intente reabrir la mina de cobre de First Quantum Minerals Ltd., cerrada tras la declaración de inconstitucionalidad de su contrato por la Corte Suprema en 2023. En lo económico, el proyecto es atractivo: más de 30.000 empleos y altos ingresos fiscales. En lo político, es riesgoso. Aunque encuestas muestran apoyo creciente a la reapertura si los beneficios se reparten ampliamente, las negociaciones con la empresa canadiense no han comenzado, por lo que es improbable que reinicie este año. Los recientes disturbios evidencian algo más profundo: el agotamiento de un modelo económico que impulsó décadas de rápido crecimiento, pero quedó corto en resultados sociales. A pesar de su entorno libre de impuestos, favorable a los negocios y poco regulado, Panamá atravesó los mismos problemas de otras naciones de la región: crear riqueza sin distribuirla, alta informalidad y corrupción. Según el Banco Mundial, Panamá redujo drásticamente la pobreza en tres décadas, pero sigue siendo muy desigual. En 2023, la pobreza urbana era menor a 5%, pero en áreas indígenas alcanzaba 76%. A diferencia de otros países, Panamá tiene soluciones al alcance: mejorar la recaudación fiscal, recortar subsidios y regímenes especiales, orientar mejor el gasto social, potenciar el turismo y modernizar la banca. Necesita más emprendedores y menos paraísos fiscales offshore. Tras un inicio de año difícil, hay señales de recuperación. Se prevé que el PIB crezca 4% este año y el próximo, casi el doble que la media regional. El ministro de Economía, Felipe Chapman, tecnócrata respetado, aplica un ajuste fiscal para proteger la calificación crediticia y reducir el déficit de 7,4% del PIB en 2024 a 3,4% en 2026, reorientando el gasto a áreas de mayor impacto. Una nueva generación de líderes políticos enfocados en transparencia y anticorrupción tiene ahora el bloque más grande en la Asamblea Nacional. Y, sobre todo, Panamá tiene el canal, la columna vertebral de su futuro. Como me dijo el analista Rodrigo Noriega, la vía acuática es tanto el mayor logro del país como su mayor reto: “Debe ser el punto de partida de un nuevo modelo económico”. Los panameños podrían incluso agradecer a Trump haberles despertado, aunque fuera sin querer, a esta oportunidad histórica. ¡¡¡Comparte!!! Ya tú sabes….